Ya desde el vamos el sistema presenta beneficios, claramente. Ambientales y económicos desde ya: de imprimir millones de kilos de papel, o de toneladas como alguien lo mencionó para pasar a una suma ínfima en comparación con aquella. O más aún, si se quiere: de imprimir 15 millones de boletas a sólo 1,6 millones, lo nuevo, lo que se viene en cuestión electoral es para festejar. Bien por la política que, tras años de idas y vueltas, un día decidió discutir los cambios y disponer de una buena vez, con el voto mayoritario, su implementación.
La Cámara de Diputados ha aprobado este miércoles un cambio sustancial al sistema electoral. Desde la próxima fecha de votaciones, en el 2023, en la provincia se usará la boleta única papel para elegir los candidatos provinciales, desde el gobernador, legisladores (diputados y senadores), intendentes y concejales. En una hoja del tamaño A4 como mínimo o del que disponga la Justicia, el elector tendrá toda la oferta electoral disponible con las cinco categorías. En una sola hoja de papel, el elector podrá armar su combo de candidatos a elección y elegir al que más le guste marcando con una cruz el casillero correspondiente. En segundos y con una birome en mano diagramará su esquema a gusto y, cuando termine, doblará el papel y lo introducirá en la urna, sin sobre ni pegamentos ni tijeras ni cúter y evitando el acoso, si es que lo ha sufrido, de punteros, aprovechadores de ocasión y manyines de toda laya que siempre se agitan alrededor de una elección.
Por supuesto que, como todo cambio, obligará a que se realice una profusa y amplia campaña informativa y explicativa sobre el uso del nuevo sistema y con eso evitar al mínimo posible la comisión de errores. Con el sistema aceitado, el aporte quizás más destacado será el de un avance hacia la mayor transparencia y un golpe importante a los aparatos partidarios que hoy se dedican, en particular en el día de la elección, a distribuir boletas y a llevar y traer electores de un lado a otro y que llegan a los lugares de votación con el voto (hoy la lista sábana) en sus manos.
Los partidos o frentes chicos, que siempre deben lidiar contra los recursos de los más grandes, no tendrán que obligatoriamente seleccionar fiscales que les controlen la elección y los protejan de posibles fraudes o trampas, porque se termina con este nuevo sistema el famoso faltante de boletas.
Cuando el elector llegue a la mesa, el presidente le entregará la boleta única con una birome y, en una suerte de box o detrás de un biombo, marcará en los casilleros los candidatos de su preferencia. Los fiscales de los partidos o frentes podrán, si lo prefieren, acercarse a la mesa recién al cierre de los comicios para participar en el conteo de los votos. Su presencia antes o durante todo el proceso de votación no tendría ningún efecto útil en provecho de su frente porque, decididamente, no serán necesarios.
Mendoza se convertirá en la cuarta provincia del país en adoptar este sistema electoral, compuesto por la boleta única. Ya lo tienen Córdoba, Santa Fe y Salta, aunque esta provincia aplique la boleta única electrónica. La que se usará en Mendoza tiene más cercanías con la cordobesa, aunque, a diferencia de la que se usa en la provincia mediterránea, cambiará la disposición de los partidos o de los frentes: mientras en aquella están dirección horizontal, en la de Mendoza figurarán en columnas verticales mientras que los candidatos figurarán de forma horizontal. El caso de Santa Fe es otro diferente del de Córdoba y Mendoza, porque allí se usa una boleta por cada categoría diferenciadas por colores. Omar Perotti, su gobernador, analiza proponer a la Legislatura santafesina la unificación en una sola hoja. Y lo de Salta en verdad es voto electrónico.
En Mendoza, como en Córdoba, la boleta permite el voto por la lista completa, que tiene el efecto similar al voto por la sábana actual, sin cortes. Pero, para el modelo local, el casillero que permite ese voto por toda la lista estará fuera de la figura y el nombre del candidato a gobernador y dentro del espacio que identifica al partido o frente. Y el casillero para marcar la cruz tendrá el mismo tamaño que todas las categorías restantes.
La opción por el voto por lista completa fue el gran tema que dividió al oficialismo de la oposición mayoritaria. El peronismo condicionó su voto favorable a la boleta única a que se eliminara esa opción. El oficialismo lo defendió con el argumento de que, si existe esa posibilidad con el sistema actual, la misma debiese mantenerse quedando a criterio del votante.
Desde que se adoptaron las elecciones PASO en la provincia, la implementación de la boleta única va camino a transformarse en otra de las trascendentes modificaciones al sistema electoral mendocino. No es menor, en una Mendoza a la que le cuesta horrores avanzar en reformas de fondo. Ahora hay que ver funcionar el sistema, reconocer sus bondades –muchas en la teoría y teniendo en cuenta lo que ocurre en aquellas jurisdicciones en donde se aplica– e identificar y corregir los errores de instrumentación que puedan llegar a surgir. Es un sistema que se reclamó y se exigió, desde la propia política, desde mucho tiempo a esta parte. Hoy que es un hecho, no queda más que darle la bienvenida.
