Hay virus y virus, lo sabemos desde la época de los hermanos Moura. Ese Virus nos agarró a todos en los ‘80 y fuimos felices, Wadu Wadu, salir del agujero interior y superficies de placer. Ahora estamos ante otros virus de los cuales el más conocido es el chino, al que no se le puede decir chino porque el Inadi se enoja. Es cierto que nació en China por la ingesta de menús estrafalarios con productos que siguen respirando mientras se los están comiendo. Es cierto que se ocultó y Xi JinPing dijo claramente a sus súbditos “no se hagan los rulos”, mensaje que por lo que se ve en cualquier negocio oriental de cercanía fue acatado masivamente por la población. Es cierto que se desparramó rápidamente por todo Occidente, el mejor cliente de la dictadura china. Divino Occidente, hay que decirlo, fomentando el Frankestein de ojos rasgados, al que estuvo comprándole todo por dos pesos durante años, despreocupándose de las evidentes violaciones a los derechos humanos que sólo puede cumplir una organización de más de 90 millones de personas, como es el Partido Comunista Chino. “¡Necesito el telefonito nuevo, el que te saca las fotos y te las da vuelta y le pone aroma!” grita Occidente cual quinceañera caprichosa. Los fabricantes piensan: “Si lo hago en Occidente, tan jodidamente derechosos como son, con esas exigencias de salarios mínimos, horarios de trabajo, vacaciones y esas molestias de las democracias liberales, sale demasiado caro. Se lo compro a China que al ser comunistas no tienen esos problemas”. Milán necesita que cambiés las tonalidades de los colores una vez por mes. Imposible con obreros que exigen condiciones sanitarias, indemnizaciones y seguros por accidentes de trabajo. Comprémosela a Pekín y desfilemos en París. Francia continúa muy liberté, egalité, fraternité sólo para ellos mientras los chinos se joden, China lidera las súperligas y todos contentos. Mientras Occidente se castigaba por no ser todo lo progre que debiera, ayudaba a China a crecer porque como muy bien dijo nuestro ministro de coso, Ginés González Coso, China queda lejos. Resultado: el virus es más chino que la base Bajada del Agrio de Neuquén que la presidenta Vice le cedió en su momento a China y que, como prueba de buena voluntad cuando fue construida tenía un Centro de Visitantes que iba a mostrar la transparencia del proyecto. Hoy el Centro de Visitantes está rodeado por un alambrado de púas de casi tres metros de alto y sólo atiende con citas previas que pocos consiguen. Su programa espacial está dirigido por el Ejército Popular de Liberación chino, el ejército de ese país donde el partido es el Estado. En el lugar sólo trabajan empleados chinos. Al final, como Rosario, “cerca, China siempre estuvo cerca”. Se le escapó el dato al Ministro Coso. Así que el virus es chino pero para no ofender a nadie no se le dirá así aunque como ya explicó Bill Maher, Zika viene del bosque de Zika, Ébola del río Ébola y el Hantavirus del Río Hanta y siguen los éxitos. Por no hablar, claro, de la gripe española. No ofendamos a China, la mejor creación comunista de Occidente.
O sea que hay virus y virus. Está el chino, al que no le decimos chino, que mandó a prisión domiciliaria a tres cuartas partes del planeta y recortó todo tipo de libertades haciéndole honor a su nombre prohibido. Pero hay otro, menos conocido, al que no le pondremos el nombre de origen porque en el PJ hay gente susceptible.
Es raro, se contagia sólo a gente con poder. Sus consecuencias son devastadoras. El Conicet, que ya largó un paper aconsejándole al Presidente Coso Fernández de Kirchner que no dé conferencias de prensa, todavía no ha desculado de qué se trata. El Presidente fue uno de los primeros afectados. El virus toma cierta parte del cerebro, o del alma en el caso de que tal cosa exista, en donde se guarda la vergüenza. La bloquea. Funciona como un deshinibitorio, lo que para Galtieri era el whisky. Liberados de esos frenos el paciente dice lo primero que se le ocurre con tal de zafar. Su vida se convierte en un presente permanente en donde no hay responsabilidad con el pasado y mucho menos con el futuro: un presente continuo donde se vive como si no hubiera causas ni consecuencias. Como mínimos ejemplos tomemos al PJ celebrando consecutivamente la privatización de YPF, la estatización de YPF, la privatización de Aerolíneas Argentinas, la estatización de Aerolíneas Argentinas; el repudio a Bergoglio como Papa, el festejo de Bergoglio como Papa. Los primeros síntomas del presidente coso fueron sus apreciaciones sobre su Presidenta Vice que pasaron de” instigadora del pacto de Irán” a “somos lo mismo”.
En la última semana los síntomas se profundizaron. El domingo, en modo Patriarca de los Pájaros pidió dibujitos a todos los niños del país, a los que, en su enorme magnanimidad les permitía salir a dar una vuelta a la manzana. La alegría fue tanta que hasta UNICEF, confundiendo su delegación de Argentina con la de Corea del Norte, tuiteó “¡Gracias Presidente!”. Un primor de obsecuencia para enseñarle a los niños del mundo que la exhibición del amor al soberano es un valor en las sociedades modernas. Claro que no era cierto que los chicos pudieran salir, era el virus.
La Cancillería –que todavía no pudo dar una lista de a qué argentinos se les impide cumplir su derecho constitucional de volver al país y eso que los pobres varados se lo pasan llamando a los consulados, dejando su nombre, su dni, su número de teléfono y hasta el número de calzado- se mostró infectada al decir, como al pasar, que la corten con el Mercosur, que de mucho no sirve si los otros tres –Brasil, Uruguay, Paraguay- no son capaces de entender que el neoliberacoso es culpable de todos los males. No hubo error, fue el virus.
Alberto Fernández de Kirchner le aseguró a los presidentes de mentirita del Grupo de Puebla que había que recuperar para el pueblo al gobierno chileno y después tuvo que llamarlo a Sebastián Piñera para decirle que con él todo bien, que en cualquier momento se cae por allá a tomarse unos piscos sours. Y después llamó al Presidente uruguayo Lacalle Pou para decirle que no lo tome a mal, que en cualquier momento se cae por allá a comerse un chivito de La Pasiva. Sí, porque en esta semana Argentina por primera vez en su historia, tuvo problemas con todos sus países limítrofes. Culpa del virus.
El Canciller Felipe Coso, mientras tanto, se ocupó en videoconferencia de decirle “pelotuda” a una senadora y las feministas no se quejaron porque parece que si lo decís por Zoom no hay violencia de género. O por el virus.
El Presidente avaló la liberación de presos comunes, aún sabiendo que no hay tobilleras ni método alguno para controlarlos. Acá se estableció un chantaje moral muy al gusto de este virus. Si alguien se quejaba del peligro de dejar delincuentes sueltos era amonestado con el artículo 18 de la Constitución Nacional tal como lo estudiamos en la escuela: “las cárceles de la Nación serán sanas y limpias, para seguridad y no para castigo de los reos detenidos en ellas”. El asunto es que los fanáticos constitucionalistas de última hora hacen samaritano hincapié en “no para castigo” olvidándose de “para seguridad”.
Todo seguía el maravilloso camino de los constitucionalistas instantáneos hasta que comenzaron aparecer víctimas que denunciaban que los violadores y asesinos volvían a sus hogares, cerca de sus víctimas, sin medios de control, ni estudio socioambiental, ni aviso a los damnificados, ni estudios médicos que lo avalaran. Primero quienes denunciaron fueron tratados de inhumanos que querían matar a los presos; después, que no, que eso no ocurría, que no eran muchos casos; más tarde que decir “masivamente” era coso.
En conclusión, como no podía ser de otra manera, la culpa la tuvieron los medios. Lo dijo el presidente, lo dijo la ministra de coso, Marcela Coso Losardo a la que finalmente le conocimos la voz, cuando salió en televisión enojadísima porque el cacerolazo del pueblo desinformado le echaba la responsabilidad al Ejecutivo, que como todo el mundo sabe, a lo largo del proceso, coso. Sí, lo importante para la ministra era la percepción de quién era responsable, no que los asesinos salieran sueltos sin control. Todo culpa del virus que te inhibe la vergüenza.
Así de golpe, los partidarios de la Presidenta Vice que viene agitando hace años la teoría del “lawfare” -eso del abuso de los procedimientos legales contra un oponente político, manteniendo las formas- se largaron a gritar: “¡División de poderes, fueron los jueces, el Ejecutivo no tuvo nada que ver, toco el aire a vos no te toco!”. El Presidente que quería los presos sueltos al final no quería los presos sueltos y los presos que estaban sueltos no estaban sueltos pero sí lo estaban.
Por influencia del virus salió el vicepresidente de Enacom Gustavo López a decir que había que controlar las fake news y la televisión pública tuiteó “regularán el funcionamiento de los portales de internet”, pero después lo borró y el presidente de Enacom Claudio Ambrosini dijo que nunca se les ocurrió lo que se les había terminado de ocurrir: una fake news de quienes quieren controlar las fake news.
El virus es responsable de que el bono anunciado con bombos y platillos de 30 mil pesos que le iban a dar al personal de salud y que después eran 20 mil en cuatro cuotas, no haya aparecido. Como la mayoría de las ayudas prometidas. Ya vienen, ya vienen, ya vienen. Lo que sí apareció de golpe fueron los 2.700 pesos por día a cada “trabajador del Congreso” que tuvo que cumplir con su tarea, gracias a la concesión graciosa de la Presidenta Vice y el Presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, dos grandes cosos nacionales a quienes el virus que inhibe la vergüenza los tiene tomados en estado terminal.
Ese virus chino tarde o temprano será vencido por la humanidad, como ha vencido a todas las pestes que en la historia del mundo han sido. Habrá muertos y pérdidas materiales pero no sería raro que las sociedades saliesen más sabias.
A este otro virus que ha tomado al poder en Argentina habrá que controlarlo muy de cerca. Tenemos para eso la división de poderes y la Constitución, ahora que se acordaron. Nos va la vida en ello. Hay demasiados tapabocas. Necesitamos respiradores.
